Nuestra abuela, la yeya como la llamaban mis primos, Isabel del Castillo Aldana era una mujer de armas tomar. Una vez en Semana Santa, época de aglomeraciones propicia a los revuelos y achuchones, mientras estaba viendo una procesión cierto "caballero" se le acercó demasiado y notó la presión del mismo donde la espalda pierde su casto nombre.
Ni corta ni perezosa se quitó un alfiler de los que le sujetaban el sombrero procediendo a darle una estocada al susodicho que pegando un salto desapareció. En la familia cuando alguna de nosotras tiene una reacción similar en cualquier situación, con energía y determinación se le llama el genio Castillo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario