lunes, 14 de diciembre de 2020

LA YEYA


 Nuestra abuela, la yeya como la llamaban mis primos, Isabel del Castillo Aldana era una mujer de armas tomar. Una vez en Semana Santa, época de aglomeraciones propicia a los revuelos y achuchones, mientras estaba viendo una procesión cierto "caballero" se le acercó demasiado y notó la presión del mismo donde la espalda pierde su casto nombre. 

Ni corta ni perezosa se quitó un alfiler de los que le sujetaban el sombrero procediendo a darle una estocada al susodicho que pegando un salto desapareció. En la familia cuando alguna de nosotras tiene una reacción similar en cualquier situación, con energía y determinación se le llama el genio Castillo.

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