Cartas y grafías
Año del 2021, segundo de la pandemia. Estoy con una fisura en el quinto metatarso del pie derecho. Esto me ha pasado a mitad de septiembre, ya a finales del verano y casualidad va en paralelo con otra fisura que tuve el verano pasado en la mano, en el quinto metacarpo de la mano derecha. Cuando tienes la mano medio escayolada pues aprender a utilizar la izquierda y cuando tienes el pie derecho escayolado no aprendes a utilizar el izquierdo sino que aprendes a tener paciencia y estarte quietecita.
Esta vez no es el confinamiento lo que me impide salir. Afortunadamente tengo buenas amigas y amigos que me deben conocer bien porque me han traído libros, dulces y su conversación, todo eso ha hecho más amena mi obligada quietud.
Es evidente que la forma de la escritura cambia con la edad, lo puedo apreciar en una carta que le envié a mi abuela en 1963, año de la muerte de mi padre y de mi primera comunión, por entonces se hacia con 6 o 7 años y la mía se retrasó hasta los 8 por las dolorosas circunstancias familiares. En esta carta que pregunto por mis primos y tíos la invito a venir, por entonces vivíamos en Madrid, a mi comunión con una letra infantil. Me llama la atención mi firma, por supuesto cambió hace años, sigue conservando el nombre completo ahora junto al apellido de mi padre y la rúbrica también va debajo, ya no es una especie de lazo sino una simple línea que va y vuelve.
