- ¡Que vienen los reyes! ¡Que ya llegan!
Gritábamos todos corriendo y danzando entusiasmados alrededor de mi tío, él era el encargado en la familia de llevarnos a ver la cabalgata.
Cada año cargaba con una escalera de madera, con todos nosotros, cuatro o cinco niños entre hermanos y primos y un saco de paciencia para llevarnos al Parque de Málaga donde desfilaba una auténtica cabalgata de Reyes Magos.
Bajábamos por la calle Conde de Ureña hasta La Victoria pasábamos por el teatro romano y la Alcazaba, hasta llegar al Ayuntamiento. Ni que decir tiene que íbamos de lo más formalitos y sin despistarnos por un instante, nos jugábamos mucho, además mi tío no era hombre que aguantarse tonterías y eso hacía que fuéramos más derechos que una vela.
Al llegar al ABC (así llamado por estar Ayuntamiento, Banco de España y Correos) mi tío desplegaba la escalera y nos subía en orden de menor a mayor. Desde allí podíamos ver divinamente y sin apreturas el desfile de pastores y pastoras tocando los panderos y la zambomba, algunas cabrillas y las carrozas con sus reyes, era una cabalgata muy diferente de las actuales que más parecen propias de un carnaval que de unas navidades.
De pronto se me aparece una foto en la que estoy con mi padre y una muñeca negra. Recuerdo que la dejé, la solté o la olvidé en el parque y cuando fui a por ella había desaparecido.
Ahora cada vez que salgo de mi casa olvido algo y tengo que volver hacia atrás por lo olvidado. me da mucha rabia como cuando olvidé aquella muñeca que me trajeron los reyes.
Esculco por internet y encuentro:
La primera cabalgata de reyes en Málaga fue un 5 de enero de 1923, salió del ayuntamiento como ahora y los Magos iban montados en caballos y además de repartir ilusión por las calles atestadas de niñas y niños entusiasmados repartieron juguetes a la infancia desvalida en la Casa Cuna y el Hospital Civil.
Le pregunto a mis primos por whatsapp qué recuerdos tienen.
Mi prima Chelo era de las que no querían dormirse para ver llegar, a los reyes, para ver por donde entraban, cada año lo intentaba y siempre caía hasta que un año en la Peña Malaguista de la que su padre era socio y tenían la costumbre de repartir juguetes a los niños - Papá, papá que se le ha caído la barba al rey Melchor- ya más mayor así fue como empezó a perder la fe y a darse cuenta que los magos vivían en su casa.
Ulises, el más chico entonces, me cuenta que tiraban los caramelos con tanta fuerza que uno le dio y estuvo con un chichón en la frente durante una semana.
Priman sobre los recuerdos los sentimientos, el sentimiento de ilusión, de alegría y magia por la venida de los reyes que siempre auguraban regalos y juguetes. Una alegría contagiosa de la que disfrutaban también los mayores. La noche de Reyes.


